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martes, 19 de septiembre de 2017

“A trabajar”, el musical

Como hago con casi todos, escribo este post escuchando música. Hoy le toca a un grupo de rock llamado Gold, que he conocido hace poco. Miro a mi alrededor y casi todos mis compañeros llevan auriculares, por lo que supongo que están haciendo lo mismo que yo.




Escuchar música mientras se trabaja es una práctica muy extendida. Se ha hablado mucho de sus beneficios para la concentración y, por extensión, la productividad. La experta Teresa Lesiuk, creadora de un estudio publicado en la revista Psychology of Music afirma que 7 de cada 10 personas logran una mayor concentración y mejora de su estado de ánimo al escuchar música en el trabajo. Aunque no se deba tratar como una conclusión universal, sí es evidente que de una forma u otra la música ayuda a estimular el cerebro del ser humano. El placer que provoca una canción que nos gusta puede aumentar la motivación y reducir el estrés.
En el blog de la escuela de negocios Cerem, destacan el efecto positivo de los ritmos repetitivos. Al memorizarlos rápidamente nuestro cerebro trabaja produciendo más dopamina, el neurotransmisor que se encarga de proporcionarnos placer.

¿Vale todo?

Aun así, también existe la creencia que la música afecta a la concentración, pero negativamente. Aunque no encontramos ningún estudio que lo demuestre, nos parece que no todo tipo de género musical va bien para cualquier tarea.
Por ejemplo, en Universia, el rock o el hip hop se recomiendan a las personas que realicen trabajos más físicos como la construcción, carpintería o deportistas profesionales. En el caso de los conductores profesionales, se aconseja música clásica o pop a un volumen muy suave para poder seguir escuchando el ruido de ambiente. Y cuando se habla de un trabajo de oficina y/o creativo, música del barroco, clásica, jazz y ambiental serían la elección adecuada. También se aconseja que en este caso sea todo instrumental, es decir sin voz, por lo que parece que lo estoy haciendo mal. Igualmente, me permito recordar que la sensación de placer y motivación de la que hablábamos antes dependerá, en gran parte, de nuestros gustos musicales. Y sobre esto no hay nada escrito, dicen.

Más allá de lo laboral

Pero no se queda en el trabajo la cosa. La música también puede ser una poderosa aliada para la formación y el aprendizaje. En 1993, Frances Rauscher y Gordon Shaw llevaron a cabo un experimento llamado “Efecto Mozart”. En éste sostenían que la relajación que generaba escuchar las notas del compositor permitía aumentar el coeficiente intelectual y que lo aprendido permanecía en la memoria más tiempo.
El libro La Música, la Mente y el Cerebro de Manfred Clynes explica como el compás de las melodías se sincronizan con los latidos del corazón. Por lo tanto, cuanto más rápido sea el compás, más rápido nuestro pulso y lo mismo con la música más lenta. Pero cuando ambos ritmos van al unísono, nuestro cerebro está más consciente y podremos aprender mejor.
Escuchar música nos aporta además, tanto trabajando como aprendiendo (no son excluyentes, por supuesto), la capacidad de desconectar de interrupciones externas como conversaciones ajenas u otros ruidos como el teléfono o la misma calle. A día de hoy incluso se utiliza como refuerzo del sentimiento de pertenencia en una organización. Por ejemplo: cuando todos los trabajadores colaboran para crear una lista común o cuando cada día uno puede escoger el hilo musical de la oficina.
Con tantos puntos a favor, a mi desde luego me he convencido para seguir escuchándola. ¿Y a vosotros?
Fuente: http://www.proteccion-laboral.com/a-trabajar-el-musical/

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